Makhmur: una isla roja en el desierto iraquí

La carretera estatal baja desde Erbil hacia la frontera siria, al oeste. En el último control de los Peshmerga del PDK, fieles al presidente Barzani, los militares se largan hablando por teléfono con nuestros pasaportes. Estamos en la frontera entre Kurdistán y la tierra de nadie que lo separa del Estado Islámico. Pasado este control, los Peshmerga no nos protegerán. Un cartel señala hacia la derecha el corto camino hasta Mosul, la ciudad más grande controlada por Daesh. Una carretera vacía en la que nadie entra: esta es la apariencia de la frontera irakí con el califato. En aquella ciudad han decapitado hace unas horas a un niño de 15 años por escuchar “música pop occidental”. Si los Peshmerga de Barzani no se aventuran en el desierto de Makhmur sólo queda el PKK para defender la población civil: como en otros sitios, en primera linea. Makhmur es como un fantasma: edificios desnudos o en construcción, casas deshabitadas, pocos niños que juegan a fútbol sobre una extensión de tierra y escombros; pero pasado el centro urbano, un control del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) define el límite entre la ciudad y el vibrante campo de refugiados.

En una modesta sala, una familia nos ofrece un té entre retratos de Öcalan y los mártires de la guerrilla. En cuanto el césped se puebla de habitantes del campo somos acogidos con un una bienvenida y acusaciones. “No entiendo porqué Italia y Europa no hacen algo para ayudarnos”, dice un viejo con pinta de no poder aceptar algo que no acaba de comprender. “En Europa hay democracia: ¿porqué entonces no ayudáis a los kurdos que luchan por la democracia?” No parece satisfecho con nuestras respuestas acerca del carácter interesado de la política exterior italiana y parece convencido de que a través de nosotros un mensaje puede ser enviado hasta “Europa” – entidad mítica de la que hay una percepción difuminada – para eliminar los malentendidos entre personas lejanas que aún no han conseguido entenderse.

En el cuartel general del campo, donde el PKK ha dispuesto los efectivos del YPG Unidades de Autodefensa Popular)y YJA-Star (Unidades de Protección de la Mujer), un combatiente dice: “Querríamos que nuestras relaciones con Italia fuesen más continuas. Tiene que ser una relación humana, por la vida de las personas, no como en 1999 cuando Italia traicionó a lo kurdos entregando Öcalan a Turquía”. Los militantes que le rodean llegan de todo Kurdistán (Irak, Irán, Turquía, Siria) y de todo el mundo. De la diáspora que llevó los kurdos a Europa, Australia y América. Una chica de las YJA-Star se interesa por la situación política italiana.”No entiendo porqué en Italia, al contrario que en España y Grecia, no han habido revueltas estos años: creo que el pueblo italiano tendría que rebelarse.” Cuando preguntamos si este entorno desértico le hace echar de menos las montañas kurdas contesta: “También el desierto es bello, cuando hay guerrilla”.

Estas conversaciones nos permiten hacernos una idea de las particularidades que diferencian Makhmur y otros campos de refugiados alrededor del mundo. Su historia única, casi increíble, es  una rara mezcla de lucha, migración y persecución: la historia de un conflicto desarrollado en condiciones extremas entre autonomía popular y poder establecido. “Nuestra migración de Turquía a Irak empieza en 1993 – cuenta un profesor en el ayuntamiento del campo – cuando Turquía empezo su guerra contra el PKK en Bakur [Kurdistán Norte, Turquía].” El ejército invadió los pueblos de las provincias sur-orientales, cerca de Irán e Irak, poniendo a los habitantes frente a una decisión: colaborar con los militares en la represión del partido, ser asesinados o huir. “Los pueblos fueron quemados, la gente perseguida. Decenas de miles elegimos el exilio. Todos nosotros honrábamos al PKK: los combatientes escondidos en las montañas eran suestros hijos, padres, hermanas, hermanos. Trahicionar era impensable.”

“Pasada la frontera de la provincia de Sirnak, los refugiados llegaron a Bashur (Kurdistán Sur, Irak), controlado por el norte por las milicias del PDK de Barzani, aliado de EE.UU e Inglaterra. El ejército turco cruzó la frontera y atacó a los refugiados en Zakho. Estos entonces pidieron a la ONU, el reconocimiento del asentamiento como campo de refugiados. Turquía se opuso y la ONU hizo oídos sordos. “Fue necesario todo un mes de revueltas y huelga de hambre para que las Naciones Unidas permitiese el reconocimiento. “A pesar de esto, después de un desplazamiento a Duok, el reconocimiento no llegó: y esta vez los que obstaculizaron el reconocimiento fueron los peshmerga del PDK que en 1992 había firmado un acuerdo con Turquía en Dublín. Los migrantes retomaron la marcha hasta llegar a Bersine, donde otra vez el PDK impidió el acceso a la ONU. De nuevo se produjeron disturbios y revueltas, esta vez alimentadas por la falta de agua causada por el aislamiento impuesto por los peshmerga.”

La agencia de la O.N.U. para los refugiados concedió en los meses siguientes un apoyo realmente mínimo, pero conseguimos construir una escuela. Fue la primera vez en nuestras vidas que pudimos organizar clases en kurdo.” En 1995 Turquía invadió otra vez el norte de Irak (en aquel entonces “la zona de exclusión aérea” decidida por la OTAN, después de la guerra de Irak en el 1991) para combatir el PKK y miles de nuevos refugiados llegaron al campo de Bersine. Después de unas semanas el PDK sitió el campo y lo atacó matando civiles. Las presiones del PDK y Turquía indujeron a la ONU a desalojar el campo y a programar en 1996 la dispersión de todos sus habitantes en zonas separadas y lejos entre ellas. “Éramos 15.000 y 9.000 lo rechazamos. Nos establecimos sin cobertura legal ni protección humanitaria en la llanura de Niniveh, cerca de Mosul. La zona estaba minada, muchos murieron en el camino. Turquía nos bombardeaba desde el aire, los peshmerga nos atacaban por tierra: sufrimos muchos muertos, pero éramos muchos. Fue un momento difícil.”

El PDK intentó empujar a los refugiados fuera de Kurdistán, hacia las zonas controladas por el gobierno Irakí, pero la tropas de Saddam los bloquearon impidiendo el destierro. Por fin la ONU convenció al gobierno para que concediera un asentamiento en 1998, cuya agradable ubicación fue establecida en el inhóspito desierto al sur de Mósul: la zona de Makhmur. El clima es frío en invierno y calurosísimo en verano y la fuerte presencia de insectos venenosos y escorpiones causó diversas enfermedades, sobre todo infantiles, y muchos casos de ceguera entre los adultos. Desde aquél entonces el campo está perennemente en revuelta contra todo y todos: refugiados, rebeldes y malditos, huidos de las persecuciones Turccas y de la derecha kurda: construyeron en autonomía una pequeña fortaleza revolucionaria. “Hemos conseguido estas casas, estas escuelas y este ayuntamiento con nuestras manos, nadie nos ayudó. No estamos apoyados ni por Irak ni por el KRG ni por las Naciones Unidas. Nuestras nueve comunas eligen el parlamento ciudadano y el consejo del ayuntamiento que hemos creado a pesar de que no estaba previsto que tuviesemos uno“.

Desde agosto de 2014 DAESH atacó el campo decenas de veces, con bombardeos y ataques terrestres, pero nunca lo conquistó. “Somos el objetivo ideal para todos los enemigos de los kurdos.”, dicen con rabia y orgullo. En los muros se ven los graffittis en árabe del Califato. “Podrían volver en cualquier momento”. “Tenemos al PKK protegiéndonos, añade un señor, pero cuándo el DAESH ataca todos empuñamos los kalashnikov para defendernos“. Nadie en el mundo sabe de esta isla rebelde en pleno desierto: la producción, el trabajo y la participación política están basadas en el pensamiento de Öcalan. Nos rebelamos cada vez que lo necesitamos, por todo el Kurdistán, estamos listos para levantarnos a cada momento. Por Kobane como por Cizre o por nuestros compañeros en Irán”. Las mujeres del campo se han organizado en la Woman Academy y en la Escuela de las Madres, dónde aprenden la una de la otra a escribir, leer, criar sus hijos y enfrentarse a toda necesidad. Forman parte de la Ishtar, parlamento unido de las mujeres de Kurdistán. “Las mujeres podemos organizarnos. Ser autónomas y potentes. Dice una de ellas “Hay mucho más respeto por las mujeres en Makhmur que allí en Europa. En Europa solo está el espectáculo de las mujeres, aquí hay igualdad y respeto”

Domingo 28 de febrero de 2016
Del corresponsal de InfoAut en Makhmur, Iraq

Traducido de http://www.infoaut.org/index.php/blog/conflitti-globali/item/16613-makhmur-unisola-rossa-nel-deserto-iracheno

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